Estrés y ansiedad, extraña pareja…

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Captura foto blog 2Podemos definir el estrés como un mecanismo de defensa por medio del cual nuestro cuerpo se moviliza por completo, poniendo en marcha una respuesta innata y adaptativa cuya función principal es la de mantener a nuestro organismo alerta y dispuesto a intervenir frente a cualquier riego o amenaza, permitiéndonos emitir respuestas convenientes para nuestra supervivencia, como huir, atacar, afrontar, adaptarnos, etc.

Esta respuesta al estrés es subjetiva y personal, lo que significa que depende mucho de nosotr@s mism@s, de cómo percibamos las situaciones, pero sobre todo, de cómo percibamos nuestra capacidad personal para hacer frente a esas situaciones.

 

Además, esta respuesta es puntual y debe desaparecer cuando desaparece la situación amenazante, poniendo de manifiesto una serie de síntomas que nos pueden resultar familiares pues sin duda tod@s los hemos experimentados en algún momento ante alguna situación que puso en juego nuestra capacidad para afrontar el estrés (aumento de la presión sanguínea, el aumento del ritmo cardíaco, de la temperatura del cuerpo, etc).

¿Qué diferenciaría entonces esta respuesta adaptativa de estrés, que es vital para nuestra supervivencia, de la ansiedad, que nos obstaculiza disfrutar de la vida e incluso muchas veces conseguir nuestros objetivos?

Pues podemos decir que la ansiedad es la respuesta emocional al estrés. De forma que mientras que la causa del estrés, es la presencia de un “factor estresante”, la ansiedad es esta respuesta que continúa una vez que el factor estresante ha desaparecido, y tiene, por tanto, un fuerte componente cognitivo.

La sintomatología ansiosa es muy variada y diversa, y surge como resultado de mantener en el tiempo a nuestro organismo sometido a esa descarga hormonal y neurológica que supone la respuesta al estrés, lo que somete a “nuestra máquina” en una sobreexigencia que nos desgasta, nos agota y nos aboca a entorpecer nuestro rendimiento e incluso enfermar.

A NIVEL FÍSICO:

  • Taquicardia
  • Palpitaciones.
  • Sensación de opresión en el pecho y falta de aire.
  • Temblores.
  • Sudoración excesiva, sofocos.
  • Respiración rápida y superficial.
  • Molestias digestivas.
  • Náuseas, vómitos.
  • Alteraciones de la alimentación (exceso de apetito o no poder comer)
  • Tensión y rigidez muscular.
  • Cansancio excesivo.
  • Sensación de mareo e inestabilidad.
  • Sequedad en la boca.
  • Alteraciones del sueño (insomnio, pesadillas, hipersomnia).
  • Alteraciones de la respuesta sexual.

A NIVEL PSICOLÓGICO O COGNITIVO:

  • Preocupación excesiva. Pensamientos negativos recurrentes.
  • Inseguridad, miedo, temor.
  • Pensamientos o sentimientos negativos sobre un@ mism@.
  • Anticipación de peligro o amenaza (p.ej. “esto va a salir mal”; “nunca lo lograré”, etc.)
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Apatía, sensación de tristeza y desinterés por el entorno.
  • Dificultad para atender o concentrarse.
  • Tensión muscular.
  • Irritabilidad.
  • Cambios bruscos de estado de ánimo, tristeza.
  • Sensación general de desorganización o pérdida de control sobre el ambiente.
  • Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán.
  • Sensación de fracaso e incapacidad de afrontamiento.
  • Temor a perder el control.
  • En casos extremos ansiedad excesiva (ataque de ansiedad/pánico): temor a morirse o volverse loc@.

A NIVEL CONDUCTUAL:

  • Inquietud motora (no poderse estar quiet@).
  • Movimientos torpes y desorganizados.
  • Tartamudeo y otras dificultades de expresión verbal.
  • Temblor.
  • Comprar, comerse las uñas, rascarse, arancarse el pelo, etc.
  • Adicciones (fumar, beber en exceso, etc).
  • Movimientos repetitivos (manos, pies, rascarse, etc).
  • Dificultades para conciliar el sueño.
  • Evitación de situaciones que producen ansiedad.

No todas las personas vivimos la ansiedad manifestando los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Tenemos “estilos” diferentes de afrontar el estrés, de tensarnos e incluso de tratar de evitar la ansiedad.

Será nuestra forma particular de vivir la ansiedad la que, cuando ésta se cronifica, defina la forma en que vamos a somatizar o los trastornos ella ocasione en nuestras vidas.

Y es en esta forma particular de vivir la ansiedad, donde el componente cognitivo adquiere una importancia vital, llevándonos a anticipar todo tipo de situaciones “potencialmente” peligrosas para nosotr@s en el caso de que ocurrieran… las preocupaciones constantes, el miedo a las situaciones nuevas, etc.

Leí en algún sitio una frase muy acertada que, desde esta perspectiva, define a mi juicio muy bien la ansiedad, decía que “la ansiedad es un trastorno del futuro”, lo cual como decía me parece una forma sumamente acertada de definir un trastorno que nos dificulta vivir el aquí y el ahora, disfrutar del presente. Pues desde un estado de ansiedad “inventamos” un futuro sin salidas ni posibilidades, interpretando de manera catastrófica las cosas que nos “pueden pasar”.

Pero ese, será otro post…

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